Soria: Historia, leyenda y poesía

Soria: Historia, leyenda y poesía

Nuestro viaje a Soria narrado por uno de nuestros viajeros.

En el mapa literario de España, Soria ocupa un lugar envidiable, hasta el punto de que se la haya llamado la bien cantada. En ella se funden la geografía y la literatura, la historia y la leyenda, el paisaje y el hombre. Y muchos son los autores, sorianos o no, que han dedicado su pluma a esta hermosa porción de Castilla, pues Soria, como ruta, presencia o tema literario, tiene un largo y milenario recorrido: desde Numancia y la épica medieval, hasta la literatura renacentista y barroca; desde las rimas y leyendas de Bécquer, pasando por los versos hondos y humanísimos de Antonio Machado, Gerardo Diego, Dionisio Ridruejo, Bernabé Herrero o Ángela Figuera, entre otros muchos, a los relatos y novelas de escritores como Juan Antonio Gaya Nuño o José Ángel González Sainz. Está claro que Soria inspira y es inspirada. No en vano su capital es llamada la ciudad de los poetas

Pero, además, por Soria, sencilla y altiva, a solas consigo misma, la historia ha corrido sus fronteras. 

Siguiendo a nuestro profesor invitado, Fernando Abascal, en el mapa literario de España, Soria ocupa un muy destacable lugar. En Soria se funden, de manera inigualable, la geografía, la tierra, el paisaje y el hombre, el clima físico y espiritual. Podemos decir que Soria ofrece una síntesis del paisaje español, desde el yermo o páramo a la pradera y el espeso pinar, en una armónica mezcla de lol castellano con lo norteño, y, en su extremo oriental, el paisaje soriano supone una transición, marcadamente aragonesa, hacia el valle del Ebro. Tal vez, por este motivo, el pintor levantino Joaquín Sorolla, dijo que era muy difícil pintar esta tierra.

En este viaje hemos conocido algunos de los más bellos rincones y secretos de su capital, pero también de algunos de los lugares más hermosos de su provincia, como Burgo de Osma,  su catedral y su conjunto histórico por donde discurría la vía romana que unía Astorga con Zaragoza.

Mas allá, entre olmos centenarios y en pleno Cañón del Rio Lobos se nos aparece, desde el siglo XIII, la ermita de San Bartolomé.

Calatañazor despide el día con una inolvidable puesta de sol desde su castillo a caballo entre las culturas árabe y cristiana.

Y si hablamos de castillos, Gormaz, fiel defensor de las tierras del Duero inmortalizado ya en el Cantar del Mio Cid nos recibe imponente en una fría mañana de noviembre.

Avanzamos hacia San Baudelio de Berlanga, la colegiata de Santa María del Mercado, Rello, esplendida desde su atalaya, el monasterio de San Juan de Duero para terminar la jornada en la ermita de San Saturio, patrón de la ciudad.

Para el último día una preciosa caminata ascendiendo hasta la Laguna Negra y Vinuesa nos abre el apetito para finalizar nuestro recorrido con un suculento ágape castellano en Quintanarejo

 Soria se ha dado a conocer no solo por el frío, la mantequilla o los torreznos, sino por otros y más altos propagandistas: los poetas. La sobriedad material de esta tierra, su cielo diáfano y sus paisajes con alma, su recatada manera de ser, altiva y sencilla a la vez, a solas consigo misma, ha hecho que apenas se haya tenido en cuenta y, sin embargo, estas mismas características han inspirado a escritores y poetas de exquisita sensibilidad.  Se justifica, pues, para Soria ese dicho de la bien cantada. A partir de Bécquer y, sobre todo, de Machado y Gerardo Diego, ha sido descubierta y recreada poéticamente.

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